Iker López Consuegra arquitectura
Introduction to Five Architects Colin Rowe Publicado en Five Architects Oxford University Press, New York, 1972 Colin Rowe es el encargado de escribir la introducción del libro de los Five Architects. La manera que tiene el autor de afrontar el texto es un ataque preventivo tomado como una defensa para el grupo. Trata de ser un paraguas crítico que resguarda la producción de los CINCO, que aun siendo un grupo muy heterogéneo comparten ciertas cosas en común. Son arquitectos que parecen considerar a los edificios como una excusa para dibujar en lugar de pensar en el dibujo como una excusa para construir. Pero a su vez el nexo en común de todos ellos es el ser conscientes de que hay cambios demasiado radicales como para que los explote una sola generación pudiendo ser explorados por generaciones venideras. La estrategia que sigue Rowe es la de defender al grupo mediante un ataque a la arquitectura moderna. Un ataque teórico y programático, que desmonta los preceptos teóricos (y programáticos) en los que se apoyarán las críticas al grupo. Cabe destacar que el autor que invierte la mayor parte del texto en desmontar esta crítica, originaria a raíz de los preceptos teóricos de un Movimiento Moderno que se había quedado obsoleto o falto de ideales, más que de hablar del grupo y sus logros. Ayuda a entender a su vez el por qué el Movimiento Moderno es una arquitectura que despertó muchas pasiones y lo usa como herramienta preventiva de las posibles críticas de las ambiciones y trabajo de los cinco autores. El autor comienza hablando de la pérdida, en los años 40, del significado original de la arquitectura moderna. Un significado que tal vez nunca tuvo. Edificios sin contenido iconográfico aparente, edificios que no eran más que la ilustración de un programa, en otras palabras: “la aproximación racional a la construcción”. Aparentemente se había superado el contenido simbólico. Dando lugar a una arquitectura que pretendía ser científica pero que acabo siendo profundamente sentimental. El arquitecto se concentraba en la materialización de fantasías, fantasías en un cambio imparable pero a su vez eran también de una catástrofe inminente. “La crisis amenazaba pero la esperanza abundaba”. Escribe sobre los valores necesarios a asumir, que eran las virtudes del científico, el campesino y el niño. La objetividad del primero, la naturalidad del segundo y la inocencia del tercero. El arquitecto debía asumir su rol “en parte Moisés, en parte San Jorge”, como líder y liberador de la humanidad. Mostrando este entusiasmo en la materialización de estos proyectos, basados en la creencia de un mundo mejor. Pero en el momento que los edificios modernos proliferaron y se normalizaron en las ciudades del mundo, el ideal se quedó atrás. La visión y creencia social perdió fuelle. Rowe comenta que “los edificios no fueron una proposición subversiva de una Utopía posible, sino la decoración de un presente no Utópico”. Para que después, la comodidad diera paso a la devaluación de las creencias y divisiones de intereses. Rowe nos cuenta que la revolución había triunfado y fracasado al mismo tiempo. El triunfo ecléctico, fácil y agradable, exploto la revolución. Pero hubo algunos que siguieron siendo fieles y trataron de reorientarla haciéndola más interesante, creando nuevas corrientes como el nuevo empirismo, el nuevo brutalismo, el revival futurista… El autor compara también la concepción que se tenía de la arquitectura moderna en Europa y los Estados Unidos. En Europa fue concebida como un producto cercano al socialismo con un carácter marcadamente teórico, mientras que en los Estados Unidos siempre careció del programa social implícito. No veían una catástrofe inminente. La frase Arquitectura o Revolución no les resultaba familiar ya que ellos habían tenido la revolución en 1776. La arquitectura para ellos debía ser limpia, eficiente, razonable y representación de una sociedad democrática sin intentos de reconstrucción social. Para bien o para mal el mensaje del movimiento moderno se tornó seguro y el capitalismo ayudo a su difusión vendiendo sus productos como trofeos de una sociedad prospera. Siendo esta la base de los proyectos que Rowe introduce, lo que la Arquitectura Moderna se propuso ser y en lo que se convirtió. Para el autor, si estos se hubieran producido sobre los años 30 en Europa, hubiesen sido monumentos, pero al ser recientes solo pueden ser vistos como un problema. Un problema porque no proponen ninguna revolución, y que para los ojos norteamericanos pueden pecar de tener un carácter europeo mientras que para los europeos evidencia la estupidez norteamericana. Tanto en un lado como en otro están condenados a ser despreciados. Entonces Rowe desmonta el sentido y la originalidad de la arquitectura moderna con su institucionalización, la fusión entre programa teórico y formal no fue como Giedion formuló. La atención a problemas particulares y concretos se desmorona con el hecho de que todos los edificios se vean iguales. Nos comenta como otro gran teórico de la época, Reyner Banham, pone el acento en lo mismo. Lo que esto consigue es que este tipo de crítica se volviese muy popular, crítica que sirve de herramienta a su vez para condenar o justificar la mayoría de los logros de esa época, pero mantiene, aparenta, en ambos casos un tono revolucionario que aunque antiguo se podía postular como nuevo. El programa teórico de la arquitectura moderna se puede legitimar pero tiene también evidentes contradicciones lógicas, Rowe comenta que fue poco más que sentimientos volátiles y que no llego a ser un dogma consistente. Según este programa teórico, la arquitectura tenía que haber sido la respuesta racional y sin prejuicios al siglo XX y sus productos. Hasta que no reconocemos que la arquitectura moderna es el resultado de las dos tendencias más fuertes de pensamiento, la ciencia y la historia, no se puede entender como pudo despertar tantas pasiones. Cuando el arquitecto reconoce los hechos apoyándose en la ciencia y se transforma en instrumento de la historia, y es entonces, cuando los problemas se desvanecen según Rowe. Apoyarse en los hechos es la postura natural de los ataques del arte. Así que los ataques contra la arquitectura expresan la irritación contra ella misma. Siendo en cambio moralmente aceptable cuanto los arquitectos suprimiesen su individualidad, su temperamento, su gusto y tradiciones culturales a través de una postura científica. Este argumento según el cual el arquitecto solo puede ser asistente de la historia, se contradice con la idea de que cualquier repetición, copia o empleo de un modelo formal precedente es un fracaso. “La repetición trae convención, y la convención, estancamiento. Por eso la arquitectura moderna ha rechazado la dictadura de lo recibido”. “Sin la habilidad continua de crear y desmantelar los marcos de referencia, es imposible ocupar esos territorios de la mente donde la creación se mueve y florece”. Siendo esta idea atractiva aunque a su vez autodestructiva. Al ser el arquitecto un personaje activo, se opone a otra premisa, la del orden, lo normativo, lo típico y abstracto. Siendo cualquier referencia a un precedente una traición al cambio y la negación del impulso de la Historia. La arquitectura moderna se dirigió al gran público, y entonces el edificio moderno purgado de todo peso mítico se transformó en el hábitat inevitable de un ser mítico en cusa psicología el mito no podía ocupar ningún lugar. La retrospección es tabú, la memoria no debe ejercitarse, la nostalgia corrompe… Pero cómo lograr lo antes mencionado… estas reflexiones cumple el objetivo de entender los complejos sentimientos en los que los proyectos de los FIVE tienden a ser condenados. Condenados por formalistas, burgueses carentes de conciencia e incapaces de mantenerse al día con las transformaciones sociales y tecnológicas del momento. Pero en el momento que los preconceptos teóricos del Movimiento Moderno dejan de ser considerados como un evangelio, ya dejan de ser parámetros críticos. Rowe escribe que más que directrices del Movimiento Moderno para el trabajo fueron un mecanismo para que el arquitecto delegase la responsabilidad de sus elecciones. Acusando al Movimiento Moderno de ser una revelación inmutable que sin embargo cuenta con énfasis en el cambio, exploración y descubrimiento. Compara el discurso de los ´20 con los modelos de física de la época y su reserva a día de hoy. Los viejos tópicos revolucionarios todavía estimulan pero los edificios que de él resultan tienen muchos problemas. Su misión social fracasó, se disolvió entre el sentimentalismo y el estado de bienestar, y la fusión entre arte y tecnología no fue posible. Pero esto abre una variedad de alternativas: El neoclasicismo miesiano, el nuevo brutalismo, el revival futurista y el neo art nouveau. Sumando a este catálogo los que sustituyeron en antiarte de los´20 por la computadora o la gente para definir el camino del futuro a través de los datos o la sabiduría popular. Aquí es donde el autor sitúa a los FIVE, matizando lo difícil que es generalizar sobre el trabajo de sus miembros. Ya que se nutren de los más variados estilos contemporáneos como el cubismo sintético, constructivismo, el corbusionismo... Pero compartiendo todos ellos un punto de vista en común. Un punto en común que postula que es más razonable y modesto reconocer que ciertos cambios son tan radicales que una generación no puede resolver sus directivas, que tienen elocuencia y flexibilidad para ser tan elocuentes hoy como lo fueron ayer. Éste es el ataque preventivo propuesto por Rowe en su introducción a la obra de los FIVE, desautoriza las críticas que estos pueden generar mostrando que las ambiciones de estos no iban más que a seguir experimentando modelos pasados que todavía pueden ser revisados. Año: 2014 inicio bio colaboraciones publicaciones contacto
madrid 2015/16
Introduction to Five Architects Colin Rowe Publicado en Five Architects Oxford University Press, New York, 1972 Colin Rowe es el encargado de escribir la introducción del libro de los Five Architects. La manera que tiene el autor de afrontar el texto es un ataque preventivo tomado como una defensa para el grupo. Trata de ser un paraguas crítico que resguarda la producción de los CINCO, que aun siendo un grupo muy heterogéneo comparten ciertas cosas en común. Son arquitectos que parecen considerar a los edificios como una excusa para dibujar en lugar de pensar en el dibujo como una excusa para construir. Pero a su vez el nexo en común de todos ellos es el ser conscientes de que hay cambios demasiado radicales como para que los explote una sola generación pudiendo ser explorados por generaciones venideras. La estrategia que sigue Rowe es la de defender al grupo mediante un ataque a la arquitectura moderna. Un ataque teórico y programático, que desmonta los preceptos teóricos (y programáticos) en los que se apoyarán las críticas al grupo. Cabe destacar que el autor que invierte la mayor parte del texto en desmontar esta crítica, originaria a raíz de los preceptos teóricos de un Movimiento Moderno que se había quedado obsoleto o falto de ideales, más que de hablar del grupo y sus logros. Ayuda a entender a su vez el por qué el Movimiento Moderno es una arquitectura que despertó muchas pasiones y lo usa como herramienta preventiva de las posibles críticas de las ambiciones y trabajo de los cinco autores. El autor comienza hablando de la pérdida, en los años 40, del significado original de la arquitectura moderna. Un significado que tal vez nunca tuvo. Edificios sin contenido iconográfico aparente, edificios que no eran más que la ilustración de un programa, en otras palabras: “la aproximación racional a la construcción”. Aparentemente se había superado el contenido simbólico. Dando lugar a una arquitectura que pretendía ser científica pero que acabo siendo profundamente sentimental. El arquitecto se concentraba en la materialización de fantasías, fantasías en un cambio imparable pero a su vez eran también de una catástrofe inminente. “La crisis amenazaba pero la esperanza abundaba”. Escribe sobre los valores necesarios a asumir, que eran las virtudes del científico, el campesino y el niño. La objetividad del primero, la naturalidad del segundo y la inocencia del tercero. El arquitecto debía asumir su rol “en parte Moisés, en parte San Jorge”, como líder y liberador de la humanidad. Mostrando este entusiasmo en la materialización de estos proyectos, basados en la creencia de un mundo mejor. Pero en el momento que los edificios modernos proliferaron y se normalizaron en las ciudades del mundo, el ideal se quedó atrás. La visión y creencia social perdió fuelle. Rowe comenta que “los edificios no fueron una proposición subversiva de una Utopía posible, sino la decoración de un presente no Utópico”. Para que después, la comodidad diera paso a la devaluación de las creencias y divisiones de intereses. Rowe nos cuenta que la revolución había triunfado y fracasado al mismo tiempo. El triunfo ecléctico, fácil y agradable, exploto la revolución. Pero hubo algunos que siguieron siendo fieles y trataron de reorientarla haciéndola más interesante, creando nuevas corrientes como el nuevo empirismo, el nuevo brutalismo, el revival futurista… El autor compara también la concepción que se tenía de la arquitectura moderna en Europa y los Estados Unidos. En Europa fue concebida como un producto cercano al socialismo con un carácter marcadamente teórico, mientras que en los Estados Unidos siempre careció del programa social implícito. No veían una catástrofe inminente. La frase Arquitectura o Revolución no les resultaba familiar ya que ellos habían tenido la revolución en 1776. La arquitectura para ellos debía ser limpia, eficiente, razonable y representación de una sociedad democrática sin intentos de reconstrucción social. Para bien o para mal el mensaje del movimiento moderno se tornó seguro y el capitalismo ayudo a su difusión vendiendo sus productos como trofeos de una sociedad prospera. Siendo esta la base de los proyectos que Rowe introduce, lo que la Arquitectura Moderna se propuso ser y en lo que se convirtió. Para el autor, si estos se hubieran producido sobre los años 30 en Europa, hubiesen sido monumentos, pero al ser recientes solo pueden ser vistos como un problema. Un problema porque no proponen ninguna revolución, y que para los ojos norteamericanos pueden pecar de tener un carácter europeo mientras que para los europeos evidencia la estupidez norteamericana. Tanto en un lado como en otro están condenados a ser despreciados. Entonces Rowe desmonta el sentido y la originalidad de la arquitectura moderna con su institucionalización, la fusión entre programa teórico y formal no fue como Giedion formuló. La atención a problemas particulares y concretos se desmorona con el hecho de que todos los edificios se vean iguales. Nos comenta como otro gran teórico de la época, Reyner Banham, pone el acento en lo mismo. Lo que esto consigue es que este tipo de crítica se volviese muy popular, crítica que sirve de herramienta a su vez para condenar o justificar la mayoría de los logros de esa época, pero mantiene, aparenta, en ambos casos un tono revolucionario que aunque antiguo se podía postular como nuevo. El programa teórico de la arquitectura moderna se puede legitimar pero tiene también evidentes contradicciones lógicas, Rowe comenta que fue poco más que sentimientos volátiles y que no llego a ser un dogma consistente. Según este programa teórico, la arquitectura tenía que haber sido la respuesta racional y sin prejuicios al siglo XX y sus productos. Hasta que no reconocemos que la arquitectura moderna es el resultado de las dos tendencias más fuertes de pensamiento, la ciencia y la historia, no se puede entender como pudo despertar tantas pasiones. Cuando el arquitecto reconoce los hechos apoyándose en la ciencia y se transforma en instrumento de la historia, y es entonces, cuando los problemas se desvanecen según Rowe. Apoyarse en los hechos es la postura natural de los ataques del arte. Así que los ataques contra la arquitectura expresan la irritación contra ella misma. Siendo en cambio moralmente aceptable cuanto los arquitectos suprimiesen su individualidad, su temperamento, su gusto y tradiciones culturales a través de una postura científica. Este argumento según el cual el arquitecto solo puede ser asistente de la historia, se contradice con la idea de que cualquier repetición, copia o empleo de un modelo formal precedente es un fracaso. “La repetición trae convención, y la convención, estancamiento. Por eso la arquitectura moderna ha rechazado la dictadura de lo recibido”. “Sin la habilidad continua de crear y desmantelar los marcos de referencia, es imposible ocupar esos territorios de la mente donde la creación se mueve y florece”. Siendo esta idea atractiva aunque a su vez autodestructiva. Al ser el arquitecto un personaje activo, se opone a otra premisa, la del orden, lo normativo, lo típico y abstracto. Siendo cualquier referencia a un precedente una traición al cambio y la negación del impulso de la Historia. La arquitectura moderna se dirigió al gran público, y entonces el edificio moderno purgado de todo peso mítico se transformó en el hábitat inevitable de un ser mítico en cusa psicología el mito no podía ocupar ningún lugar. La retrospección es tabú, la memoria no debe ejercitarse, la nostalgia corrompe… Pero cómo lograr lo antes mencionado… estas reflexiones cumple el objetivo de entender los complejos sentimientos en los que los proyectos de los FIVE tienden a ser condenados. Condenados por formalistas, burgueses carentes de conciencia e incapaces de mantenerse al día con las transformaciones sociales y tecnológicas del momento. Pero en el momento que los preconceptos teóricos del Movimiento Moderno dejan de ser considerados como un evangelio, ya dejan de ser parámetros críticos. Rowe escribe que más que directrices del Movimiento Moderno para el trabajo fueron un mecanismo para que el arquitecto delegase la responsabilidad de sus elecciones. Acusando al Movimiento Moderno de ser una revelación inmutable que sin embargo cuenta con énfasis en el cambio, exploración y descubrimiento. Compara el discurso de los ´20 con los modelos de física de la época y su reserva a día de hoy. Los viejos tópicos revolucionarios todavía estimulan pero los edificios que de él resultan tienen muchos problemas. Su misión social fracasó, se disolvió entre el sentimentalismo y el estado de bienestar, y la fusión entre arte y tecnología no fue posible. Pero esto abre una variedad de alternativas: El neoclasicismo miesiano, el nuevo brutalismo, el revival futurista y el neo art nouveau. Sumando a este catálogo los que sustituyeron en antiarte de los´20 por la computadora o la gente para definir el camino del futuro a través de los datos o la sabiduría popular. Aquí es donde el autor sitúa a los FIVE, matizando lo difícil que es generalizar sobre el trabajo de sus miembros. Ya que se nutren de los más variados estilos contemporáneos como el cubismo sintético, constructivismo, el corbusionismo... Pero compartiendo todos ellos un punto de vista en común. Un punto en común que postula que es más razonable y modesto reconocer que ciertos cambios son tan radicales que una generación no puede resolver sus directivas, que tienen elocuencia y flexibilidad para ser tan elocuentes hoy como lo fueron ayer. Éste es el ataque preventivo propuesto por Rowe en su introducción a la obra de los FIVE, desautoriza las críticas que estos pueden generar mostrando que las ambiciones de estos no iban más que a seguir experimentando modelos pasados que todavía pueden ser revisados. Año: 2014
madrid 2015/16
Introduction to Five Architects Colin Rowe Publicado en Five Architects Oxford University Press, New York, 1972 Colin Rowe es el encargado de escribir la introducción del libro de los Five Architects. La manera que tiene el autor de afrontar el texto es un ataque preventivo tomado como una defensa para el grupo. Trata de ser un paraguas crítico que resguarda la producción de los CINCO, que aun siendo un grupo muy heterogéneo comparten ciertas cosas en común. Son arquitectos que parecen considerar a los edificios como una excusa para dibujar en lugar de pensar en el dibujo como una excusa para construir. Pero a su vez el nexo en común de todos ellos es el ser conscientes de que hay cambios demasiado radicales como para que los explote una sola generación pudiendo ser explorados por generaciones venideras. La estrategia que sigue Rowe es la de defender al grupo mediante un ataque a la arquitectura moderna. Un ataque teórico y programático, que desmonta los preceptos teóricos (y programáticos) en los que se apoyarán las críticas al grupo. Cabe destacar que el autor que invierte la mayor parte del texto en desmontar esta crítica, originaria a raíz de los preceptos teóricos de un Movimiento Moderno que se había quedado obsoleto o falto de ideales, más que de hablar del grupo y sus logros. Ayuda a entender a su vez el por qué el Movimiento Moderno es una arquitectura que despertó muchas pasiones y lo usa como herramienta preventiva de las posibles críticas de las ambiciones y trabajo de los cinco autores. El autor comienza hablando de la pérdida, en los años 40, del significado original de la arquitectura moderna. Un significado que tal vez nunca tuvo. Edificios sin contenido iconográfico aparente, edificios que no eran más que la ilustración de un programa, en otras palabras: “la aproximación racional a la construcción”. Aparentemente se había superado el contenido simbólico. Dando lugar a una arquitectura que pretendía ser científica pero que acabo siendo profundamente sentimental. El arquitecto se concentraba en la materialización de fantasías, fantasías en un cambio imparable pero a su vez eran también de una catástrofe inminente. “La crisis amenazaba pero la esperanza abundaba”. Escribe sobre los valores necesarios a asumir, que eran las virtudes del científico, el campesino y el niño. La objetividad del primero, la naturalidad del segundo y la inocencia del tercero. El arquitecto debía asumir su rol “en parte Moisés, en parte San Jorge”, como líder y liberador de la humanidad. Mostrando este entusiasmo en la materialización de estos proyectos, basados en la creencia de un mundo mejor. Pero en el momento que los edificios modernos proliferaron y se normalizaron en las ciudades del mundo, el ideal se quedó atrás. La visión y creencia social perdió fuelle. Rowe comenta que “los edificios no fueron una proposición subversiva de una Utopía posible, sino la decoración de un presente no Utópico”. Para que después, la comodidad diera paso a la devaluación de las creencias y divisiones de intereses. Rowe nos cuenta que la revolución había triunfado y fracasado al mismo tiempo. El triunfo ecléctico, fácil y agradable, exploto la revolución. Pero hubo algunos que siguieron siendo fieles y trataron de reorientarla haciéndola más interesante, creando nuevas corrientes como el nuevo empirismo, el nuevo brutalismo, el revival futurista… El autor compara también la concepción que se tenía de la arquitectura moderna en Europa y los Estados Unidos. En Europa fue concebida como un producto cercano al socialismo con un carácter marcadamente teórico, mientras que en los Estados Unidos siempre careció del programa social implícito. No veían una catástrofe inminente. La frase Arquitectura o Revolución no les resultaba familiar ya que ellos habían tenido la revolución en 1776. La arquitectura para ellos debía ser limpia, eficiente, razonable y representación de una sociedad democrática sin intentos de reconstrucción social. Para bien o para mal el mensaje del movimiento moderno se tornó seguro y el capitalismo ayudo a su difusión vendiendo sus productos como trofeos de una sociedad prospera. Siendo esta la base de los proyectos que Rowe introduce, lo que la Arquitectura Moderna se propuso ser y en lo que se convirtió. Para el autor, si estos se hubieran producido sobre los años 30 en Europa, hubiesen sido monumentos, pero al ser recientes solo pueden ser vistos como un problema. Un problema porque no proponen ninguna revolución, y que para los ojos norteamericanos pueden pecar de tener un carácter europeo mientras que para los europeos evidencia la estupidez norteamericana. Tanto en un lado como en otro están condenados a ser despreciados. Entonces Rowe desmonta el sentido y la originalidad de la arquitectura moderna con su institucionalización, la fusión entre programa teórico y formal no fue como Giedion formuló. La atención a problemas particulares y concretos se desmorona con el hecho de que todos los edificios se vean iguales. Nos comenta como otro gran teórico de la época, Reyner Banham, pone el acento en lo mismo. Lo que esto consigue es que este tipo de crítica se volviese muy popular, crítica que sirve de herramienta a su vez para condenar o justificar la mayoría de los logros de esa época, pero mantiene, aparenta, en ambos casos un tono revolucionario que aunque antiguo se podía postular como nuevo. El programa teórico de la arquitectura moderna se puede legitimar pero tiene también evidentes contradicciones lógicas, Rowe comenta que fue poco más que sentimientos volátiles y que no llego a ser un dogma consistente. Según este programa teórico, la arquitectura tenía que haber sido la respuesta racional y sin prejuicios al siglo XX y sus productos. Hasta que no reconocemos que la arquitectura moderna es el resultado de las dos tendencias más fuertes de pensamiento, la ciencia y la historia, no se puede entender como pudo despertar tantas pasiones. Cuando el arquitecto reconoce los hechos apoyándose en la ciencia y se transforma en instrumento de la historia, y es entonces, cuando los problemas se desvanecen según Rowe. Apoyarse en los hechos es la postura natural de los ataques del arte. Así que los ataques contra la arquitectura expresan la irritación contra ella misma. Siendo en cambio moralmente aceptable cuanto los arquitectos suprimiesen su individualidad, su temperamento, su gusto y tradiciones culturales a través de una postura científica. Este argumento según el cual el arquitecto solo puede ser asistente de la historia, se contradice con la idea de que cualquier repetición, copia o empleo de un modelo formal precedente es un fracaso. “La repetición trae convención, y la convención, estancamiento. Por eso la arquitectura moderna ha rechazado la dictadura de lo recibido”. “Sin la habilidad continua de crear y desmantelar los marcos de referencia, es imposible ocupar esos territorios de la mente donde la creación se mueve y florece”. Siendo esta idea atractiva aunque a su vez autodestructiva. Al ser el arquitecto un personaje activo, se opone a otra premisa, la del orden, lo normativo, lo típico y abstracto. Siendo cualquier referencia a un precedente una traición al cambio y la negación del impulso de la Historia. La arquitectura moderna se dirigió al gran público, y entonces el edificio moderno purgado de todo peso mítico se transformó en el hábitat inevitable de un ser mítico en cusa psicología el mito no podía ocupar ningún lugar. La retrospección es tabú, la memoria no debe ejercitarse, la nostalgia corrompe… Pero cómo lograr lo antes mencionado… estas reflexiones cumple el objetivo de entender los complejos sentimientos en los que los proyectos de los FIVE tienden a ser condenados. Condenados por formalistas, burgueses carentes de conciencia e incapaces de mantenerse al día con las transformaciones sociales y tecnológicas del momento. Pero en el momento que los preconceptos teóricos del Movimiento Moderno dejan de ser considerados como un evangelio, ya dejan de ser parámetros críticos. Rowe escribe que más que directrices del Movimiento Moderno para el trabajo fueron un mecanismo para que el arquitecto delegase la responsabilidad de sus elecciones. Acusando al Movimiento Moderno de ser una revelación inmutable que sin embargo cuenta con énfasis en el cambio, exploración y descubrimiento. Compara el discurso de los ´20 con los modelos de física de la época y su reserva a día de hoy. Los viejos tópicos revolucionarios todavía estimulan pero los edificios que de él resultan tienen muchos problemas. Su misión social fracasó, se disolvió entre el sentimentalismo y el estado de bienestar, y la fusión entre arte y tecnología no fue posible. Pero esto abre una variedad de alternativas: El neoclasicismo miesiano, el nuevo brutalismo, el revival futurista y el neo art nouveau. Sumando a este catálogo los que sustituyeron en antiarte de los´20 por la computadora o la gente para definir el camino del futuro a través de los datos o la sabiduría popular. Aquí es donde el autor sitúa a los FIVE, matizando lo difícil que es generalizar sobre el trabajo de sus miembros. Ya que se nutren de los más variados estilos contemporáneos como el cubismo sintético, constructivismo, el corbusionismo... Pero compartiendo todos ellos un punto de vista en común. Un punto en común que postula que es más razonable y modesto reconocer que ciertos cambios son tan radicales que una generación no puede resolver sus directivas, que tienen elocuencia y flexibilidad para ser tan elocuentes hoy como lo fueron ayer. Éste es el ataque preventivo propuesto por Rowe en su introducción a la obra de los FIVE, desautoriza las críticas que estos pueden generar mostrando que las ambiciones de estos no iban más que a seguir experimentando modelos pasados que todavía pueden ser revisados. Año: 2014
madrid 2015/16
Introduction to Five Architects Colin Rowe Publicado en Five Architects Oxford University Press, New York, 1972 Colin Rowe es el encargado de escribir la introducción del libro de los Five Architects. La manera que tiene el autor de afrontar el texto es un ataque preventivo tomado como una defensa para el grupo. Trata de ser un paraguas crítico que resguarda la producción de los CINCO, que aun siendo un grupo muy heterogéneo comparten ciertas cosas en común. Son arquitectos que parecen considerar a los edificios como una excusa para dibujar en lugar de pensar en el dibujo como una excusa para construir. Pero a su vez el nexo en común de todos ellos es el ser conscientes de que hay cambios demasiado radicales como para que los explote una sola generación pudiendo ser explorados por generaciones venideras. La estrategia que sigue Rowe es la de defender al grupo mediante un ataque a la arquitectura moderna. Un ataque teórico y programático, que desmonta los preceptos teóricos (y programáticos) en los que se apoyarán las críticas al grupo. Cabe destacar que el autor que invierte la mayor parte del texto en desmontar esta crítica, originaria a raíz de los preceptos teóricos de un Movimiento Moderno que se había quedado obsoleto o falto de ideales, más que de hablar del grupo y sus logros. Ayuda a entender a su vez el por qué el Movimiento Moderno es una arquitectura que despertó muchas pasiones y lo usa como herramienta preventiva de las posibles críticas de las ambiciones y trabajo de los cinco autores. El autor comienza hablando de la pérdida, en los años 40, del significado original de la arquitectura moderna. Un significado que tal vez nunca tuvo. Edificios sin contenido iconográfico aparente, edificios que no eran más que la ilustración de un programa, en otras palabras: “la aproximación racional a la construcción”. Aparentemente se había superado el contenido simbólico. Dando lugar a una arquitectura que pretendía ser científica pero que acabo siendo profundamente sentimental. El arquitecto se concentraba en la materialización de fantasías, fantasías en un cambio imparable pero a su vez eran también de una catástrofe inminente. “La crisis amenazaba pero la esperanza abundaba”. Escribe sobre los valores necesarios a asumir, que eran las virtudes del científico, el campesino y el niño. La objetividad del primero, la naturalidad del segundo y la inocencia del tercero. El arquitecto debía asumir su rol “en parte Moisés, en parte San Jorge”, como líder y liberador de la humanidad. Mostrando este entusiasmo en la materialización de estos proyectos, basados en la creencia de un mundo mejor. Pero en el momento que los edificios modernos proliferaron y se normalizaron en las ciudades del mundo, el ideal se quedó atrás. La visión y creencia social perdió fuelle. Rowe comenta que “los edificios no fueron una proposición subversiva de una Utopía posible, sino la decoración de un presente no Utópico”. Para que después, la comodidad diera paso a la devaluación de las creencias y divisiones de intereses. Rowe nos cuenta que la revolución había triunfado y fracasado al mismo tiempo. El triunfo ecléctico, fácil y agradable, exploto la revolución. Pero hubo algunos que siguieron siendo fieles y trataron de reorientarla haciéndola más interesante, creando nuevas corrientes como el nuevo empirismo, el nuevo brutalismo, el revival futurista… El autor compara también la concepción que se tenía de la arquitectura moderna en Europa y los Estados Unidos. En Europa fue concebida como un producto cercano al socialismo con un carácter marcadamente teórico, mientras que en los Estados Unidos siempre careció del programa social implícito. No veían una catástrofe inminente. La frase Arquitectura o Revolución no les resultaba familiar ya que ellos habían tenido la revolución en 1776. La arquitectura para ellos debía ser limpia, eficiente, razonable y representación de una sociedad democrática sin intentos de reconstrucción social. Para bien o para mal el mensaje del movimiento moderno se tornó seguro y el capitalismo ayudo a su difusión vendiendo sus productos como trofeos de una sociedad prospera. Siendo esta la base de los proyectos que Rowe introduce, lo que la Arquitectura Moderna se propuso ser y en lo que se convirtió. Para el autor, si estos se hubieran producido sobre los años 30 en Europa, hubiesen sido monumentos, pero al ser recientes solo pueden ser vistos como un problema. Un problema porque no proponen ninguna revolución, y que para los ojos norteamericanos pueden pecar de tener un carácter europeo mientras que para los europeos evidencia la estupidez norteamericana. Tanto en un lado como en otro están condenados a ser despreciados. Entonces Rowe desmonta el sentido y la originalidad de la arquitectura moderna con su institucionalización, la fusión entre programa teórico y formal no fue como Giedion formuló. La atención a problemas particulares y concretos se desmorona con el hecho de que todos los edificios se vean iguales. Nos comenta como otro gran teórico de la época, Reyner Banham, pone el acento en lo mismo. Lo que esto consigue es que este tipo de crítica se volviese muy popular, crítica que sirve de herramienta a su vez para condenar o justificar la mayoría de los logros de esa época, pero mantiene, aparenta, en ambos casos un tono revolucionario que aunque antiguo se podía postular como nuevo. El programa teórico de la arquitectura moderna se puede legitimar pero tiene también evidentes contradicciones lógicas, Rowe comenta que fue poco más que sentimientos volátiles y que no llego a ser un dogma consistente. Según este programa teórico, la arquitectura tenía que haber sido la respuesta racional y sin prejuicios al siglo XX y sus productos. Hasta que no reconocemos que la arquitectura moderna es el resultado de las dos tendencias más fuertes de pensamiento, la ciencia y la historia, no se puede entender como pudo despertar tantas pasiones. Cuando el arquitecto reconoce los hechos apoyándose en la ciencia y se transforma en instrumento de la historia, y es entonces, cuando los problemas se desvanecen según Rowe. Apoyarse en los hechos es la postura natural de los ataques del arte. Así que los ataques contra la arquitectura expresan la irritación contra ella misma. Siendo en cambio moralmente aceptable cuanto los arquitectos suprimiesen su individualidad, su temperamento, su gusto y tradiciones culturales a través de una postura científica. Este argumento según el cual el arquitecto solo puede ser asistente de la historia, se contradice con la idea de que cualquier repetición, copia o empleo de un modelo formal precedente es un fracaso. “La repetición trae convención, y la convención, estancamiento. Por eso la arquitectura moderna ha rechazado la dictadura de lo recibido”. “Sin la habilidad continua de crear y desmantelar los marcos de referencia, es imposible ocupar esos territorios de la mente donde la creación se mueve y florece”. Siendo esta idea atractiva aunque a su vez autodestructiva. Al ser el arquitecto un personaje activo, se opone a otra premisa, la del orden, lo normativo, lo típico y abstracto. Siendo cualquier referencia a un precedente una traición al cambio y la negación del impulso de la Historia. La arquitectura moderna se dirigió al gran público, y entonces el edificio moderno purgado de todo peso mítico se transformó en el hábitat inevitable de un ser mítico en cusa psicología el mito no podía ocupar ningún lugar. La retrospección es tabú, la memoria no debe ejercitarse, la nostalgia corrompe… Pero cómo lograr lo antes mencionado… estas reflexiones cumple el objetivo de entender los complejos sentimientos en los que los proyectos de los FIVE tienden a ser condenados. Condenados por formalistas, burgueses carentes de conciencia e incapaces de mantenerse al día con las transformaciones sociales y tecnológicas del momento. Pero en el momento que los preconceptos teóricos del Movimiento Moderno dejan de ser considerados como un evangelio, ya dejan de ser parámetros críticos. Rowe escribe que más que directrices del Movimiento Moderno para el trabajo fueron un mecanismo para que el arquitecto delegase la responsabilidad de sus elecciones. Acusando al Movimiento Moderno de ser una revelación inmutable que sin embargo cuenta con énfasis en el cambio, exploración y descubrimiento. Compara el discurso de los ´20 con los modelos de física de la época y su reserva a día de hoy. Los viejos tópicos revolucionarios todavía estimulan pero los edificios que de él resultan tienen muchos problemas. Su misión social fracasó, se disolvió entre el sentimentalismo y el estado de bienestar, y la fusión entre arte y tecnología no fue posible. Pero esto abre una variedad de alternativas: El neoclasicismo miesiano, el nuevo brutalismo, el revival futurista y el neo art nouveau. Sumando a este catálogo los que sustituyeron en antiarte de los´20 por la computadora o la gente para definir el camino del futuro a través de los datos o la sabiduría popular. Aquí es donde el autor sitúa a los FIVE, matizando lo difícil que es generalizar sobre el trabajo de sus miembros. Ya que se nutren de los más variados estilos contemporáneos como el cubismo sintético, constructivismo, el corbusionismo... Pero compartiendo todos ellos un punto de vista en común. Un punto en común que postula que es más razonable y modesto reconocer que ciertos cambios son tan radicales que una generación no puede resolver sus directivas, que tienen elocuencia y flexibilidad para ser tan elocuentes hoy como lo fueron ayer. Éste es el ataque preventivo propuesto por Rowe en su introducción a la obra de los FIVE, desautoriza las críticas que estos pueden generar mostrando que las ambiciones de estos no iban más que a seguir experimentando modelos pasados que todavía pueden ser revisados. Año: 2014
Iker López Consuegra
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