Iker López Consuegra arquitectura
Decía W. Gropius que la primera arquitectura es una manta. Aquella que se superpone claramente a la forma y que funciona a la perfección respecto a las necesidades del hombre. Es una de las reflexiones más simples y más brillantes a la vez que he escuchado nunca. Una reflexión que siendo la esencia misma de la arquitectura, muchas veces se pasa por alto. Esto es lo que me ha evocado el texto elegido. Un fragmento de “Maus” de 1986, escrito y dibujado por Art Spiegelman y con el que ganó un Pulitzer. El libro está ambientado en la Segunda Guerra Mundial y en el pasaje en cuestión se recoge lo que bien podría ser un ejemplo puro de las palabras de Gropius. Una referencia arquitectónica respaldada por argumentos de funcionalidad, de autoconstrucción y, sobre todo, de sencillez conceptual y lenguaje directo y claro que justifica una forma, sea la que sea. Spiegelman habla de la llamada “arquitectura de emergencia”, es decir, detalla la construcción de un bunker que diseña su padre para esconderse de los nazis. El proyecto en este caso, está pensado y levantado con un objetivo muy claro y definido pero que no siempre es así en la profesión. A veces la forma, el diseño o la simple firma de un autor en una revista, pesan mucho más que la finalidad de un proyecto. En estos tiempos que corren en los que tanto hemos oído el término “arquitectura de emergencia”, muchas veces nos cansamos de ver contenedores habitados como propuestas puramente formalistas y vacías, de líneas bonitas, de escaso confort y abundante glamour arquitectónico. Ideas que, sin cumplir la eficiencia básica necesaria, se envuelven con discursos mediáticos y lenguajes crípticos que aluden a dimensiones “expresosensitivas”. Ideas que esconden formas pero discursos baratos que sólo sirven para engañar a la sociedad y a la profesión. Creo que algo podemos y debemos aprender de este texto de “Maus”. La arquitectura de emergencia no es el problema, pero sí lo es banalizar sobre ella. No hay nada malo en escribir con propiedad, pero sí lo hay cuando la estrategia ante un discurso vacío es una retórica enfermiza. Como tampoco hay nada de malo en los formalismos, pero sí lo hay cuando los disfrazan de falsa teoría y razonamiento que no va más allá que el de una bonita forma. La arquitectura es lo suficientemente amplia como para abarcarlo todo. Eso sí, sea lo que sea debemos exigir honradez en las propuestas. En el texto, se nos explica cómo una persona con necesidades es capaz de idear un “búnker escondrijo” que tal vez no esté bien aislado o que sea poco salubre, pero que cumple su función, que es la de salvar la vida a Vladek y a los suyos. En el lugar que nos corresponde en todo esto, es nuestro deber como personas formadas en el arte de la arquitectura ser capaces de satisfacer las necesidades que nos permitan el ingenio y la técnica de la sociedad en la que vivimos, y hacerlo escuchando a la gente para quienes construimos, poniéndonos a su servicio y asesorándoles bajo nuestra posición de arquitectos. Eso nos ayudará a crear nuevas vías de experimentación y desarrollo. Debemos intentar no caer en arquitecturas vacías así como tampoco alejarnos tanto del suelo que apenas escuchemos a los usuarios de nuestras construcciones. Porque probablemente nos demos cuenta de que tenemos mucho que aprender de la persona que menos nos imaginamos. El bunker, como la manta de Gropius, es la primera y más vital arquitectura para Vladek. 
Año:2010
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madrid 2015/16
Decía W. Gropius que la primera arquitectura es una manta. Aquella que se superpone claramente a la forma y que funciona a la perfección respecto a las necesidades del hombre. Es una de las reflexiones más simples y más brillantes a la vez que he escuchado nunca. Una reflexión que siendo la esencia misma de la arquitectura, muchas veces se pasa por alto. Esto es lo que me ha evocado el texto elegido. Un fragmento de “Maus” de 1986, escrito y dibujado por Art Spiegelman y con el que ganó un Pulitzer. El libro está ambientado en la Segunda Guerra Mundial y en el pasaje en cuestión se recoge lo que bien podría ser un ejemplo puro de las palabras de Gropius. Una referencia arquitectónica respaldada por argumentos de funcionalidad, de autoconstrucción y, sobre todo, de sencillez conceptual y lenguaje directo y claro que justifica una forma, sea la que sea. Spiegelman habla de la llamada “arquitectura de emergencia”, es decir, detalla la construcción de un bunker que diseña su padre para esconderse de los nazis. El proyecto en este caso, está pensado y levantado con un objetivo muy claro y definido pero que no siempre es así en la profesión. A veces la forma, el diseño o la simple firma de un autor en una revista, pesan mucho más que la finalidad de un proyecto. En estos tiempos que corren en los que tanto hemos oído el término “arquitectura de emergencia”, muchas veces nos cansamos de ver contenedores habitados como propuestas puramente formalistas y vacías, de líneas bonitas, de escaso confort y abundante glamour arquitectónico. Ideas que, sin cumplir la eficiencia básica necesaria, se envuelven con discursos mediáticos y lenguajes crípticos que aluden a dimensiones “expresosensitivas”. Ideas que esconden formas pero discursos baratos que sólo sirven para engañar a la sociedad y a la profesión. Creo que algo podemos y debemos aprender de este texto de “Maus”. La arquitectura de emergencia no es el problema, pero sí lo es banalizar sobre ella. No hay nada malo en escribir con propiedad, pero sí lo hay cuando la estrategia ante un discurso vacío es una retórica enfermiza. Como tampoco hay nada de malo en los formalismos, pero sí lo hay cuando los disfrazan de falsa teoría y razonamiento que no va más allá que el de una bonita forma. La arquitectura es lo suficientemente amplia como para abarcarlo todo. Eso sí, sea lo que sea debemos exigir honradez en las propuestas. En el texto, se nos explica cómo una persona con necesidades es capaz de idear un “búnker escondrijo” que tal vez no esté bien aislado o que sea poco salubre, pero que cumple su función, que es la de salvar la vida a Vladek y a los suyos. En el lugar que nos corresponde en todo esto, es nuestro deber como personas formadas en el arte de la arquitectura ser capaces de satisfacer las necesidades que nos permitan el ingenio y la técnica de la sociedad en la que vivimos, y hacerlo escuchando a la gente para quienes construimos, poniéndonos a su servicio y asesorándoles bajo nuestra posición de arquitectos. Eso nos ayudará a crear nuevas vías de experimentación y desarrollo. Debemos intentar no caer en arquitecturas vacías así como tampoco alejarnos tanto del suelo que apenas escuchemos a los usuarios de nuestras construcciones. Porque probablemente nos demos cuenta de que tenemos mucho que aprender de la persona que menos nos imaginamos. El bunker, como la manta de Gropius, es la primera y más vital arquitectura para Vladek. 
Año:2010
madrid 2015/16
Decía W. Gropius que la primera arquitectura es una manta. Aquella que se superpone claramente a la forma y que funciona a la perfección respecto a las necesidades del hombre. Es una de las reflexiones más simples y más brillantes a la vez que he escuchado nunca. Una reflexión que siendo la esencia misma de la arquitectura, muchas veces se pasa por alto. Esto es lo que me ha evocado el texto elegido. Un fragmento de “Maus” de 1986, escrito y dibujado por Art Spiegelman y con el que ganó un Pulitzer. El libro está ambientado en la Segunda Guerra Mundial y en el pasaje en cuestión se recoge lo que bien podría ser un ejemplo puro de las palabras de Gropius. Una referencia arquitectónica respaldada por argumentos de funcionalidad, de autoconstrucción y, sobre todo, de sencillez conceptual y lenguaje directo y claro que justifica una forma, sea la que sea. Spiegelman habla de la llamada “arquitectura de emergencia”, es decir, detalla la construcción de un bunker que diseña su padre para esconderse de los nazis. El proyecto en este caso, está pensado y levantado con un objetivo muy claro y definido pero que no siempre es así en la profesión. A veces la forma, el diseño o la simple firma de un autor en una revista, pesan mucho más que la finalidad de un proyecto. En estos tiempos que corren en los que tanto hemos oído el término “arquitectura de emergencia”, muchas veces nos cansamos de ver contenedores habitados como propuestas puramente formalistas y vacías, de líneas bonitas, de escaso confort y abundante glamour arquitectónico. Ideas que, sin cumplir la eficiencia básica necesaria, se envuelven con discursos mediáticos y lenguajes crípticos que aluden a dimensiones “expresosensitivas”. Ideas que esconden formas pero discursos baratos que sólo sirven para engañar a la sociedad y a la profesión. Creo que algo podemos y debemos aprender de este texto de “Maus”. La arquitectura de emergencia no es el problema, pero sí lo es banalizar sobre ella. No hay nada malo en escribir con propiedad, pero sí lo hay cuando la estrategia ante un discurso vacío es una retórica enfermiza. Como tampoco hay nada de malo en los formalismos, pero sí lo hay cuando los disfrazan de falsa teoría y razonamiento que no va más allá que el de una bonita forma. La arquitectura es lo suficientemente amplia como para abarcarlo todo. Eso sí, sea lo que sea debemos exigir honradez en las propuestas. En el texto, se nos explica cómo una persona con necesidades es capaz de idear un “búnker escondrijo” que tal vez no esté bien aislado o que sea poco salubre, pero que cumple su función, que es la de salvar la vida a Vladek y a los suyos. En el lugar que nos corresponde en todo esto, es nuestro deber como personas formadas en el arte de la arquitectura ser capaces de satisfacer las necesidades que nos permitan el ingenio y la técnica de la sociedad en la que vivimos, y hacerlo escuchando a la gente para quienes construimos, poniéndonos a su servicio y asesorándoles bajo nuestra posición de arquitectos. Eso nos ayudará a crear nuevas vías de experimentación y desarrollo. Debemos intentar no caer en arquitecturas vacías así como tampoco alejarnos tanto del suelo que apenas escuchemos a los usuarios de nuestras construcciones. Porque probablemente nos demos cuenta de que tenemos mucho que aprender de la persona que menos nos imaginamos. El bunker, como la manta de Gropius, es la primera y más vital arquitectura para Vladek. 
Año:2010
madrid 2015/16
Decía W. Gropius que la primera arquitectura es una manta. Aquella que se superpone claramente a la forma y que funciona a la perfección respecto a las necesidades del hombre. Es una de las reflexiones más simples y más brillantes a la vez que he escuchado nunca. Una reflexión que siendo la esencia misma de la arquitectura, muchas veces se pasa por alto. Esto es lo que me ha evocado el texto elegido. Un fragmento de “Maus” de 1986, escrito y dibujado por Art Spiegelman y con el que ganó un Pulitzer. El libro está ambientado en la Segunda Guerra Mundial y en el pasaje en cuestión se recoge lo que bien podría ser un ejemplo puro de las palabras de Gropius. Una referencia arquitectónica respaldada por argumentos de funcionalidad, de autoconstrucción y, sobre todo, de sencillez conceptual y lenguaje directo y claro que justifica una forma, sea la que sea. Spiegelman habla de la llamada “arquitectura de emergencia”, es decir, detalla la construcción de un bunker que diseña su padre para esconderse de los nazis. El proyecto en este caso, está pensado y levantado con un objetivo muy claro y definido pero que no siempre es así en la profesión. A veces la forma, el diseño o la simple firma de un autor en una revista, pesan mucho más que la finalidad de un proyecto. En estos tiempos que corren en los que tanto hemos oído el término “arquitectura de emergencia”, muchas veces nos cansamos de ver contenedores habitados como propuestas puramente formalistas y vacías, de líneas bonitas, de escaso confort y abundante glamour arquitectónico. Ideas que, sin cumplir la eficiencia básica necesaria, se envuelven con discursos mediáticos y lenguajes crípticos que aluden a dimensiones “expresosensitivas”. Ideas que esconden formas pero discursos baratos que sólo sirven para engañar a la sociedad y a la profesión. Creo que algo podemos y debemos aprender de este texto de “Maus”. La arquitectura de emergencia no es el problema, pero sí lo es banalizar sobre ella. No hay nada malo en escribir con propiedad, pero sí lo hay cuando la estrategia ante un discurso vacío es una retórica enfermiza. Como tampoco hay nada de malo en los formalismos, pero sí lo hay cuando los disfrazan de falsa teoría y razonamiento que no va más allá que el de una bonita forma. La arquitectura es lo suficientemente amplia como para abarcarlo todo. Eso sí, sea lo que sea debemos exigir honradez en las propuestas. En el texto, se nos explica cómo una persona con necesidades es capaz de idear un “búnker escondrijo” que tal vez no esté bien aislado o que sea poco salubre, pero que cumple su función, que es la de salvar la vida a Vladek y a los suyos. En el lugar que nos corresponde en todo esto, es nuestro deber como personas formadas en el arte de la arquitectura ser capaces de satisfacer las necesidades que nos permitan el ingenio y la técnica de la sociedad en la que vivimos, y hacerlo escuchando a la gente para quienes construimos, poniéndonos a su servicio y asesorándoles bajo nuestra posición de arquitectos. Eso nos ayudará a crear nuevas vías de experimentación y desarrollo. Debemos intentar no caer en arquitecturas vacías así como tampoco alejarnos tanto del suelo que apenas escuchemos a los usuarios de nuestras construcciones. Porque probablemente nos demos cuenta de que tenemos mucho que aprender de la persona que menos nos imaginamos. El bunker, como la manta de Gropius, es la primera y más vital arquitectura para Vladek. 
Año:2010
Iker López Consuegra
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