Iker López Consuegra arquitectura
Chicago Frame Colin Rowe. Publicado en Architectural Review, 1956 En este artículo, Rowe nos muestra el nuevo valor que adquiere la estructura en la arquitectura moderna y contemporánea. Y para ello se apoya en la comparación de la escuela de Chicago respecto al movimiento moderno. La estructura ya no se limita simplemente a ser un elemento accesorio necesario, un catalizador de la arquitectura, sino la propia estructura se entiende como arquitectura, y adquiere un nuevo papel principal como el que tuvo en la antigüedad clásica y el renacimiento la columna. Un elemento generador y compositivo. Rowe advierte que la estructura es en verdad la esencia de la arquitectura moderna. Y para explicarnos esta postura se apoya en la relación de la arquitectura de Chicago con la del movimiento moderno a finales de siglo XIX y principios del XX. Reconoce los méritos estructurales (y arquitectónicos) que se alcanzaron en los edificios de Chicago, resultados hoy en día no igualados en elegancia y economía. Pero cuestiona si son auténticos representantes de la arquitectura moderna, aunque no deja lugar a dudas de que anticipan varias de las preocupaciones de ésta. “El futuro se abría esplendoroso”, los arquitectos de Chicago lograron acabar con los estilos dejando el camino abierto para una nueva evolución, una evolución con desapego por la tradición en la que el caldo de cultivo eran los rascacielos y las características del medio fueron la libertad formal y la especulación, con todo lo que conlleva. Fueron libres y tenían al público de su parte. Los edificios de Chicago, a diferencia de los europeos, no dependían de la herencia pasada y eran libres para una experimentación formal total, hasta que la exposición colombina universal de 1893, frenó en seco su evolución consiguiendo apartar al público (y con ello a los especuladores) de dicha evolución. Eso sí, hubo un grupo de arquitectos que se mantuvieron fieles al estilo de Chicago, que siguieron proyectando y evolucionado creando una segunda contribución a la arquitectura moderna. Rowe nos habla de las dos expresiones arquitectónicas predominantes, casi hegemónicas, de ese momento: los lugares de negocio (The Loop) y los lugares de residencia como sus complementos suburbanos. Explica cómo básicamente sólo se experimentaba con esas dos tipologías. The Loop afianzó una disposición básica de la arquitectura del siglo XX. Los edificios de Chicago fueron concebidos como volúmenes únicos con una estructura bien proporcionada y racionalmente integrada. Chicago, sin saberlo, previó los dos temas principales de la arquitectura del XX, la estructura y la composición de planos. El impacto de la primera fase de Wrigth, quien guardaba relación con los maestros de la escuela de Chicago, a principios del siglo XX (1909), y más concretamente la Gale House, define la forma y la visión de la arquitectura como planos deslizantes. Se adelantaba así a Van Doesburg o Rietveld, siendo esta exploración natural e intuitiva, anticipándose del mismo modo que la arquitectura de Chicago se anticipa al papel de la estructura. Rowe nos recuerda que Wrigth no construye grandes edificios de oficinas, con lo que no tenía necesidad de emplear grandes estructuras, pero aun así tenía cierta aversión a la racionalización de la estructura “impuesta” en Chicago. Para Wrigth era un problema más que una virtud, algo que acotaba la composición de volúmenes transparentes, la fusión indivisible entre estructura y espacio. En definitiva, su manera de entender la arquitectura. Una manera de entenderla que se ve reflejada en St. Mark´s Tower, siendo el prototipo de todos los demás edificios construidos por Wrigth. Wrigth rechaza el armazón estructural por la rigidez en la que encorseta a la arquitectura no permitiéndole la creación de un espacio orgánico que funda el espacio y la estructura. Para él el plano es generador de forma, no como las inquietudes de Chicago (las de Sullivan concretamente) que son impresionantes afirmaciones de la supremacía de la estructura. Rowe nos muestra más diferencias importantes entre Norteamérica y Europa. En Norteamérica la economía recomendaba el empleo de reticulados, en cambio en Europa se seguían utilizando estructuras de ladrillo o de obra que permitían más expresividad volumétrica y formal, algo que nos empieza a sugerir las diferencias culturales, sociales y económicas (sobre todo económicas) entre Norteamérica y Europa. El marcado carácter económico y racional hizo que la arquitectura comercial (de menor planificación) proliferara en Chicago. Hacía de la estructura metálica la solución a sus problemas prácticos. Las necesidades que se tenían eran muy básicas limitándose a las circulaciones, a la iluminación y el indefinido número de plantas. Pero sin ninguna carga teórica. Se puede decir que Sullivan lo que busca es una estructura expresiva mientras que Wrigth buscaba un espacio expresivo. Chicago pretendía utilizar la estructura como vehículo de expresión espacial pero la limitación que imponía la retícula fue la misma que la hizo fracasar. El Estilo Internacional consigue conjugar el espacio y la estructura, dando las herramientas para hacer posible cierta complejidad espacial. Consigue su independencia funcional, la oposición dialéctica entre ambas. En Chicago el armazón es más convincente en cuanto al hecho que en cuanto a la idea (ojo que wrigth no opina lo mismo, él es mas de integrar el espacio y la estructura). Rowe hace una comparación muy interesante entre el edificio McGlurg (Holabird y Roche, 1899-1900) y la Maison du Peuple (Victor Horta, 1897) y en la preocupación que muestran ambos por la estructura. La estructura de metal presenta una solución a un problema específico en el edificio de Holabird y Roche mientras que en el otro ejemplo la previsión de la estructura viene expuesta como manifiesto de un programa arquitectónico. En sentido estructural se puede hablar de neutralidad por parte del edificio McGlurg comparada con la sofisticación de la Maison du Peuple. Algo importante para entender lo anterior es que los edificios de Chicago no tenían la intención de encumbrarse a la notoriedad artística, sino de ser óptimos instrumentos para la inversión, sin más carga teórica que le diese soporte, cosa que no pasó con el Art Nouveau que fue uno de tantos movimientos revolucionarios dependiente de un programa teórico altamente desarrollado. Se puede hablar de la pasión de vender, motor de la vida americana, la que responde a la satisfacción de una necesidad. Estos tenían la necesidad, también la capacidad de hacerlo, pero les faltaba un nexo que las conectase. A los arquitectos de Chicago les fue dada la estructura por los especuladores a modo de condiciones racionales. Estos rendían una total pleitesía al cliente, llegando a ver a la arquitectura como el medio de conseguir algo. Sin considerarla como símbolo cultural. En Chicago, los negocios carecían de inhibiciones. Algo que no ocurría en NY ni en Europa, allí había cierto apego a la imagen, al pasado, que tuvo más peso que la simple especulación y que no permitió un “todo vale” a la hora de proyectar su arquitectura y su programa arquitectónico. En Chicago tenían una necesidad física, y al no tener programa arquitectónico hubo una revolución arquitectónica aparentemente completa pero esa falta del programa fue lo que impidió que la revolución no diese un paso decisivo, no fue respuesta más que del beneficio privado. Al contrario que la Maison du Peuple, por ejemplo, que respondía a unas necesidades sociales, por lo que se la considera un símbolo cultural. En el artículo encontramos otra comparación muy interesante, la del Reliance (Daniel Burnham, 1894) y el proyecto de la Torre de Cristal (Mies, 1921). "Estamos ante un edificio y un proyecto de edificio, un resultado concreto de un problema particular y la solución abstracta de un problema general, un edificio con necesidades existentes y una propuesta que se refiere a necesidades futuras, Tenemos algo que responde y algo que se anticipa”. Buscando una formulación de gran carga simbólica, en este punto, se parece la Maison du Peuple a la Torre de Cristal. Un edificio que rompía con su entorno, que buscaba fervientemente una crítica social. En Europa, al igual que en Nueva York, un edificio de esas características significaba más un símbolo que un objeto, en cambio en Chicago había rechazo para proyectar en términos que no fueran específicos. En Europa se reacciona al rascacielos no sólo desde el punto de vista comercial sino con una noción de la sociedad. Se puede decir que Chicago, la forma de proyectar la arquitectura, es de una manera racional. Europa, en cambio, proyecta de una forma lógica gracias a la voluntad constante de una intelectualidad arquitectónica. Para concluir, se puede decir que la estructura se convirtió no sólo en la respuesta a un problema específico sino a un problema universal. Año: 2014 inicio bio colaboraciones publicaciones contacto
madrid 2015/16
Chicago Frame Colin Rowe. Publicado en Architectural Review, 1956 En este artículo, Rowe nos muestra el nuevo valor que adquiere la estructura en la arquitectura moderna y contemporánea. Y para ello se apoya en la comparación de la escuela de Chicago respecto al movimiento moderno. La estructura ya no se limita simplemente a ser un elemento accesorio necesario, un catalizador de la arquitectura, sino la propia estructura se entiende como arquitectura, y adquiere un nuevo papel principal como el que tuvo en la antigüedad clásica y el renacimiento la columna. Un elemento generador y compositivo. Rowe advierte que la estructura es en verdad la esencia de la arquitectura moderna. Y para explicarnos esta postura se apoya en la relación de la arquitectura de Chicago con la del movimiento moderno a finales de siglo XIX y principios del XX. Reconoce los méritos estructurales (y arquitectónicos) que se alcanzaron en los edificios de Chicago, resultados hoy en día no igualados en elegancia y economía. Pero cuestiona si son auténticos representantes de la arquitectura moderna, aunque no deja lugar a dudas de que anticipan varias de las preocupaciones de ésta. “El futuro se abría esplendoroso”, los arquitectos de Chicago lograron acabar con los estilos dejando el camino abierto para una nueva evolución, una evolución con desapego por la tradición en la que el caldo de cultivo eran los rascacielos y las características del medio fueron la libertad formal y la especulación, con todo lo que conlleva. Fueron libres y tenían al público de su parte. Los edificios de Chicago, a diferencia de los europeos, no dependían de la herencia pasada y eran libres para una experimentación formal total, hasta que la exposición colombina universal de 1893, frenó en seco su evolución consiguiendo apartar al público (y con ello a los especuladores) de dicha evolución. Eso sí, hubo un grupo de arquitectos que se mantuvieron fieles al estilo de Chicago, que siguieron proyectando y evolucionado creando una segunda contribución a la arquitectura moderna. Rowe nos habla de las dos expresiones arquitectónicas predominantes, casi hegemónicas, de ese momento: los lugares de negocio (The Loop) y los lugares de residencia como sus complementos suburbanos. Explica cómo básicamente sólo se experimentaba con esas dos tipologías. The Loop afianzó una disposición básica de la arquitectura del siglo XX. Los edificios de Chicago fueron concebidos como volúmenes únicos con una estructura bien proporcionada y racionalmente integrada. Chicago, sin saberlo, previó los dos temas principales de la arquitectura del XX, la estructura y la composición de planos. El impacto de la primera fase de Wrigth, quien guardaba relación con los maestros de la escuela de Chicago, a principios del siglo XX (1909), y más concretamente la Gale House, define la forma y la visión de la arquitectura como planos deslizantes. Se adelantaba así a Van Doesburg o Rietveld, siendo esta exploración natural e intuitiva, anticipándose del mismo modo que la arquitectura de Chicago se anticipa al papel de la estructura. Rowe nos recuerda que Wrigth no construye grandes edificios de oficinas, con lo que no tenía necesidad de emplear grandes estructuras, pero aun así tenía cierta aversión a la racionalización de la estructura “impuesta” en Chicago. Para Wrigth era un problema más que una virtud, algo que acotaba la composición de volúmenes transparentes, la fusión indivisible entre estructura y espacio. En definitiva, su manera de entender la arquitectura. Una manera de entenderla que se ve reflejada en St. Mark´s Tower, siendo el prototipo de todos los demás edificios construidos por Wrigth. Wrigth rechaza el armazón estructural por la rigidez en la que encorseta a la arquitectura no permitiéndole la creación de un espacio orgánico que funda el espacio y la estructura. Para él el plano es generador de forma, no como las inquietudes de Chicago (las de Sullivan concretamente) que son impresionantes afirmaciones de la supremacía de la estructura. Rowe nos muestra más diferencias importantes entre Norteamérica y Europa. En Norteamérica la economía recomendaba el empleo de reticulados, en cambio en Europa se seguían utilizando estructuras de ladrillo o de obra que permitían más expresividad volumétrica y formal, algo que nos empieza a sugerir las diferencias culturales, sociales y económicas (sobre todo económicas) entre Norteamérica y Europa. El marcado carácter económico y racional hizo que la arquitectura comercial (de menor planificación) proliferara en Chicago. Hacía de la estructura metálica la solución a sus problemas prácticos. Las necesidades que se tenían eran muy básicas limitándose a las circulaciones, a la iluminación y el indefinido número de plantas. Pero sin ninguna carga teórica. Se puede decir que Sullivan lo que busca es una estructura expresiva mientras que Wrigth buscaba un espacio expresivo. Chicago pretendía utilizar la estructura como vehículo de expresión espacial pero la limitación que imponía la retícula fue la misma que la hizo fracasar. El Estilo Internacional consigue conjugar el espacio y la estructura, dando las herramientas para hacer posible cierta complejidad espacial. Consigue su independencia funcional, la oposición dialéctica entre ambas. En Chicago el armazón es más convincente en cuanto al hecho que en cuanto a la idea (ojo que wrigth no opina lo mismo, él es mas de integrar el espacio y la estructura). Rowe hace una comparación muy interesante entre el edificio McGlurg (Holabird y Roche, 1899-1900) y la Maison du Peuple (Victor Horta, 1897) y en la preocupación que muestran ambos por la estructura. La estructura de metal presenta una solución a un problema específico en el edificio de Holabird y Roche mientras que en el otro ejemplo la previsión de la estructura viene expuesta como manifiesto de un programa arquitectónico. En sentido estructural se puede hablar de neutralidad por parte del edificio McGlurg comparada con la sofisticación de la Maison du Peuple. Algo importante para entender lo anterior es que los edificios de Chicago no tenían la intención de encumbrarse a la notoriedad artística, sino de ser óptimos instrumentos para la inversión, sin más carga teórica que le diese soporte, cosa que no pasó con el Art Nouveau que fue uno de tantos movimientos revolucionarios dependiente de un programa teórico altamente desarrollado. Se puede hablar de la pasión de vender, motor de la vida americana, la que responde a la satisfacción de una necesidad. Estos tenían la necesidad, también la capacidad de hacerlo, pero les faltaba un nexo que las conectase. A los arquitectos de Chicago les fue dada la estructura por los especuladores a modo de condiciones racionales. Estos rendían una total pleitesía al cliente, llegando a ver a la arquitectura como el medio de conseguir algo. Sin considerarla como símbolo cultural. En Chicago, los negocios carecían de inhibiciones. Algo que no ocurría en NY ni en Europa, allí había cierto apego a la imagen, al pasado, que tuvo más peso que la simple especulación y que no permitió un “todo vale” a la hora de proyectar su arquitectura y su programa arquitectónico. En Chicago tenían una necesidad física, y al no tener programa arquitectónico hubo una revolución arquitectónica aparentemente completa pero esa falta del programa fue lo que impidió que la revolución no diese un paso decisivo, no fue respuesta más que del beneficio privado. Al contrario que la Maison du Peuple, por ejemplo, que respondía a unas necesidades sociales, por lo que se la considera un símbolo cultural. En el artículo encontramos otra comparación muy interesante, la del Reliance (Daniel Burnham, 1894) y el proyecto de la Torre de Cristal (Mies, 1921). "Estamos ante un edificio y un proyecto de edificio, un resultado concreto de un problema particular y la solución abstracta de un problema general, un edificio con necesidades existentes y una propuesta que se refiere a necesidades futuras, Tenemos algo que responde y algo que se anticipa”. Buscando una formulación de gran carga simbólica, en este punto, se parece la Maison du Peuple a la Torre de Cristal. Un edificio que rompía con su entorno, que buscaba fervientemente una crítica social. En Europa, al igual que en Nueva York, un edificio de esas características significaba más un símbolo que un objeto, en cambio en Chicago había rechazo para proyectar en términos que no fueran específicos. En Europa se reacciona al rascacielos no sólo desde el punto de vista comercial sino con una noción de la sociedad. Se puede decir que Chicago, la forma de proyectar la arquitectura, es de una manera racional. Europa, en cambio, proyecta de una forma lógica gracias a la voluntad constante de una intelectualidad arquitectónica. Para concluir, se puede decir que la estructura se convirtió no sólo en la respuesta a un problema específico sino a un problema universal. Año: 2014
madrid 2015/16
Chicago Frame Colin Rowe. Publicado en Architectural Review, 1956 En este artículo, Rowe nos muestra el nuevo valor que adquiere la estructura en la arquitectura moderna y contemporánea. Y para ello se apoya en la comparación de la escuela de Chicago respecto al movimiento moderno. La estructura ya no se limita simplemente a ser un elemento accesorio necesario, un catalizador de la arquitectura, sino la propia estructura se entiende como arquitectura, y adquiere un nuevo papel principal como el que tuvo en la antigüedad clásica y el renacimiento la columna. Un elemento generador y compositivo. Rowe advierte que la estructura es en verdad la esencia de la arquitectura moderna. Y para explicarnos esta postura se apoya en la relación de la arquitectura de Chicago con la del movimiento moderno a finales de siglo XIX y principios del XX. Reconoce los méritos estructurales (y arquitectónicos) que se alcanzaron en los edificios de Chicago, resultados hoy en día no igualados en elegancia y economía. Pero cuestiona si son auténticos representantes de la arquitectura moderna, aunque no deja lugar a dudas de que anticipan varias de las preocupaciones de ésta. “El futuro se abría esplendoroso”, los arquitectos de Chicago lograron acabar con los estilos dejando el camino abierto para una nueva evolución, una evolución con desapego por la tradición en la que el caldo de cultivo eran los rascacielos y las características del medio fueron la libertad formal y la especulación, con todo lo que conlleva. Fueron libres y tenían al público de su parte. Los edificios de Chicago, a diferencia de los europeos, no dependían de la herencia pasada y eran libres para una experimentación formal total, hasta que la exposición colombina universal de 1893, frenó en seco su evolución consiguiendo apartar al público (y con ello a los especuladores) de dicha evolución. Eso sí, hubo un grupo de arquitectos que se mantuvieron fieles al estilo de Chicago, que siguieron proyectando y evolucionado creando una segunda contribución a la arquitectura moderna. Rowe nos habla de las dos expresiones arquitectónicas predominantes, casi hegemónicas, de ese momento: los lugares de negocio (The Loop) y los lugares de residencia como sus complementos suburbanos. Explica cómo básicamente sólo se experimentaba con esas dos tipologías. The Loop afianzó una disposición básica de la arquitectura del siglo XX. Los edificios de Chicago fueron concebidos como volúmenes únicos con una estructura bien proporcionada y racionalmente integrada. Chicago, sin saberlo, previó los dos temas principales de la arquitectura del XX, la estructura y la composición de planos. El impacto de la primera fase de Wrigth, quien guardaba relación con los maestros de la escuela de Chicago, a principios del siglo XX (1909), y más concretamente la Gale House, define la forma y la visión de la arquitectura como planos deslizantes. Se adelantaba así a Van Doesburg o Rietveld, siendo esta exploración natural e intuitiva, anticipándose del mismo modo que la arquitectura de Chicago se anticipa al papel de la estructura. Rowe nos recuerda que Wrigth no construye grandes edificios de oficinas, con lo que no tenía necesidad de emplear grandes estructuras, pero aun así tenía cierta aversión a la racionalización de la estructura “impuesta” en Chicago. Para Wrigth era un problema más que una virtud, algo que acotaba la composición de volúmenes transparentes, la fusión indivisible entre estructura y espacio. En definitiva, su manera de entender la arquitectura. Una manera de entenderla que se ve reflejada en St. Mark´s Tower, siendo el prototipo de todos los demás edificios construidos por Wrigth. Wrigth rechaza el armazón estructural por la rigidez en la que encorseta a la arquitectura no permitiéndole la creación de un espacio orgánico que funda el espacio y la estructura. Para él el plano es generador de forma, no como las inquietudes de Chicago (las de Sullivan concretamente) que son impresionantes afirmaciones de la supremacía de la estructura. Rowe nos muestra más diferencias importantes entre Norteamérica y Europa. En Norteamérica la economía recomendaba el empleo de reticulados, en cambio en Europa se seguían utilizando estructuras de ladrillo o de obra que permitían más expresividad volumétrica y formal, algo que nos empieza a sugerir las diferencias culturales, sociales y económicas (sobre todo económicas) entre Norteamérica y Europa. El marcado carácter económico y racional hizo que la arquitectura comercial (de menor planificación) proliferara en Chicago. Hacía de la estructura metálica la solución a sus problemas prácticos. Las necesidades que se tenían eran muy básicas limitándose a las circulaciones, a la iluminación y el indefinido número de plantas. Pero sin ninguna carga teórica. Se puede decir que Sullivan lo que busca es una estructura expresiva mientras que Wrigth buscaba un espacio expresivo. Chicago pretendía utilizar la estructura como vehículo de expresión espacial pero la limitación que imponía la retícula fue la misma que la hizo fracasar. El Estilo Internacional consigue conjugar el espacio y la estructura, dando las herramientas para hacer posible cierta complejidad espacial. Consigue su independencia funcional, la oposición dialéctica entre ambas. En Chicago el armazón es más convincente en cuanto al hecho que en cuanto a la idea (ojo que wrigth no opina lo mismo, él es mas de integrar el espacio y la estructura). Rowe hace una comparación muy interesante entre el edificio McGlurg (Holabird y Roche, 1899-1900) y la Maison du Peuple (Victor Horta, 1897) y en la preocupación que muestran ambos por la estructura. La estructura de metal presenta una solución a un problema específico en el edificio de Holabird y Roche mientras que en el otro ejemplo la previsión de la estructura viene expuesta como manifiesto de un programa arquitectónico. En sentido estructural se puede hablar de neutralidad por parte del edificio McGlurg comparada con la sofisticación de la Maison du Peuple. Algo importante para entender lo anterior es que los edificios de Chicago no tenían la intención de encumbrarse a la notoriedad artística, sino de ser óptimos instrumentos para la inversión, sin más carga teórica que le diese soporte, cosa que no pasó con el Art Nouveau que fue uno de tantos movimientos revolucionarios dependiente de un programa teórico altamente desarrollado. Se puede hablar de la pasión de vender, motor de la vida americana, la que responde a la satisfacción de una necesidad. Estos tenían la necesidad, también la capacidad de hacerlo, pero les faltaba un nexo que las conectase. A los arquitectos de Chicago les fue dada la estructura por los especuladores a modo de condiciones racionales. Estos rendían una total pleitesía al cliente, llegando a ver a la arquitectura como el medio de conseguir algo. Sin considerarla como símbolo cultural. En Chicago, los negocios carecían de inhibiciones. Algo que no ocurría en NY ni en Europa, allí había cierto apego a la imagen, al pasado, que tuvo más peso que la simple especulación y que no permitió un “todo vale” a la hora de proyectar su arquitectura y su programa arquitectónico. En Chicago tenían una necesidad física, y al no tener programa arquitectónico hubo una revolución arquitectónica aparentemente completa pero esa falta del programa fue lo que impidió que la revolución no diese un paso decisivo, no fue respuesta más que del beneficio privado. Al contrario que la Maison du Peuple, por ejemplo, que respondía a unas necesidades sociales, por lo que se la considera un símbolo cultural. En el artículo encontramos otra comparación muy interesante, la del Reliance (Daniel Burnham, 1894) y el proyecto de la Torre de Cristal (Mies, 1921). "Estamos ante un edificio y un proyecto de edificio, un resultado concreto de un problema particular y la solución abstracta de un problema general, un edificio con necesidades existentes y una propuesta que se refiere a necesidades futuras, Tenemos algo que responde y algo que se anticipa”. Buscando una formulación de gran carga simbólica, en este punto, se parece la Maison du Peuple a la Torre de Cristal. Un edificio que rompía con su entorno, que buscaba fervientemente una crítica social. En Europa, al igual que en Nueva York, un edificio de esas características significaba más un símbolo que un objeto, en cambio en Chicago había rechazo para proyectar en términos que no fueran específicos. En Europa se reacciona al rascacielos no sólo desde el punto de vista comercial sino con una noción de la sociedad. Se puede decir que Chicago, la forma de proyectar la arquitectura, es de una manera racional. Europa, en cambio, proyecta de una forma lógica gracias a la voluntad constante de una intelectualidad arquitectónica. Para concluir, se puede decir que la estructura se convirtió no sólo en la respuesta a un problema específico sino a un problema universal. Año: 2014
madrid 2015/16
Chicago Frame Colin Rowe. Publicado en Architectural Review, 1956 En este artículo, Rowe nos muestra el nuevo valor que adquiere la estructura en la arquitectura moderna y contemporánea. Y para ello se apoya en la comparación de la escuela de Chicago respecto al movimiento moderno. La estructura ya no se limita simplemente a ser un elemento accesorio necesario, un catalizador de la arquitectura, sino la propia estructura se entiende como arquitectura, y adquiere un nuevo papel principal como el que tuvo en la antigüedad clásica y el renacimiento la columna. Un elemento generador y compositivo. Rowe advierte que la estructura es en verdad la esencia de la arquitectura moderna. Y para explicarnos esta postura se apoya en la relación de la arquitectura de Chicago con la del movimiento moderno a finales de siglo XIX y principios del XX. Reconoce los méritos estructurales (y arquitectónicos) que se alcanzaron en los edificios de Chicago, resultados hoy en día no igualados en elegancia y economía. Pero cuestiona si son auténticos representantes de la arquitectura moderna, aunque no deja lugar a dudas de que anticipan varias de las preocupaciones de ésta. “El futuro se abría esplendoroso”, los arquitectos de Chicago lograron acabar con los estilos dejando el camino abierto para una nueva evolución, una evolución con desapego por la tradición en la que el caldo de cultivo eran los rascacielos y las características del medio fueron la libertad formal y la especulación, con todo lo que conlleva. Fueron libres y tenían al público de su parte. Los edificios de Chicago, a diferencia de los europeos, no dependían de la herencia pasada y eran libres para una experimentación formal total, hasta que la exposición colombina universal de 1893, frenó en seco su evolución consiguiendo apartar al público (y con ello a los especuladores) de dicha evolución. Eso sí, hubo un grupo de arquitectos que se mantuvieron fieles al estilo de Chicago, que siguieron proyectando y evolucionado creando una segunda contribución a la arquitectura moderna. Rowe nos habla de las dos expresiones arquitectónicas predominantes, casi hegemónicas, de ese momento: los lugares de negocio (The Loop) y los lugares de residencia como sus complementos suburbanos. Explica cómo básicamente sólo se experimentaba con esas dos tipologías. The Loop afianzó una disposición básica de la arquitectura del siglo XX. Los edificios de Chicago fueron concebidos como volúmenes únicos con una estructura bien proporcionada y racionalmente integrada. Chicago, sin saberlo, previó los dos temas principales de la arquitectura del XX, la estructura y la composición de planos. El impacto de la primera fase de Wrigth, quien guardaba relación con los maestros de la escuela de Chicago, a principios del siglo XX (1909), y más concretamente la Gale House, define la forma y la visión de la arquitectura como planos deslizantes. Se adelantaba así a Van Doesburg o Rietveld, siendo esta exploración natural e intuitiva, anticipándose del mismo modo que la arquitectura de Chicago se anticipa al papel de la estructura. Rowe nos recuerda que Wrigth no construye grandes edificios de oficinas, con lo que no tenía necesidad de emplear grandes estructuras, pero aun así tenía cierta aversión a la racionalización de la estructura “impuesta” en Chicago. Para Wrigth era un problema más que una virtud, algo que acotaba la composición de volúmenes transparentes, la fusión indivisible entre estructura y espacio. En definitiva, su manera de entender la arquitectura. Una manera de entenderla que se ve reflejada en St. Mark´s Tower, siendo el prototipo de todos los demás edificios construidos por Wrigth. Wrigth rechaza el armazón estructural por la rigidez en la que encorseta a la arquitectura no permitiéndole la creación de un espacio orgánico que funda el espacio y la estructura. Para él el plano es generador de forma, no como las inquietudes de Chicago (las de Sullivan concretamente) que son impresionantes afirmaciones de la supremacía de la estructura. Rowe nos muestra más diferencias importantes entre Norteamérica y Europa. En Norteamérica la economía recomendaba el empleo de reticulados, en cambio en Europa se seguían utilizando estructuras de ladrillo o de obra que permitían más expresividad volumétrica y formal, algo que nos empieza a sugerir las diferencias culturales, sociales y económicas (sobre todo económicas) entre Norteamérica y Europa. El marcado carácter económico y racional hizo que la arquitectura comercial (de menor planificación) proliferara en Chicago. Hacía de la estructura metálica la solución a sus problemas prácticos. Las necesidades que se tenían eran muy básicas limitándose a las circulaciones, a la iluminación y el indefinido número de plantas. Pero sin ninguna carga teórica. Se puede decir que Sullivan lo que busca es una estructura expresiva mientras que Wrigth buscaba un espacio expresivo. Chicago pretendía utilizar la estructura como vehículo de expresión espacial pero la limitación que imponía la retícula fue la misma que la hizo fracasar. El Estilo Internacional consigue conjugar el espacio y la estructura, dando las herramientas para hacer posible cierta complejidad espacial. Consigue su independencia funcional, la oposición dialéctica entre ambas. En Chicago el armazón es más convincente en cuanto al hecho que en cuanto a la idea (ojo que wrigth no opina lo mismo, él es mas de integrar el espacio y la estructura). Rowe hace una comparación muy interesante entre el edificio McGlurg (Holabird y Roche, 1899-1900) y la Maison du Peuple (Victor Horta, 1897) y en la preocupación que muestran ambos por la estructura. La estructura de metal presenta una solución a un problema específico en el edificio de Holabird y Roche mientras que en el otro ejemplo la previsión de la estructura viene expuesta como manifiesto de un programa arquitectónico. En sentido estructural se puede hablar de neutralidad por parte del edificio McGlurg comparada con la sofisticación de la Maison du Peuple. Algo importante para entender lo anterior es que los edificios de Chicago no tenían la intención de encumbrarse a la notoriedad artística, sino de ser óptimos instrumentos para la inversión, sin más carga teórica que le diese soporte, cosa que no pasó con el Art Nouveau que fue uno de tantos movimientos revolucionarios dependiente de un programa teórico altamente desarrollado. Se puede hablar de la pasión de vender, motor de la vida americana, la que responde a la satisfacción de una necesidad. Estos tenían la necesidad, también la capacidad de hacerlo, pero les faltaba un nexo que las conectase. A los arquitectos de Chicago les fue dada la estructura por los especuladores a modo de condiciones racionales. Estos rendían una total pleitesía al cliente, llegando a ver a la arquitectura como el medio de conseguir algo. Sin considerarla como símbolo cultural. En Chicago, los negocios carecían de inhibiciones. Algo que no ocurría en NY ni en Europa, allí había cierto apego a la imagen, al pasado, que tuvo más peso que la simple especulación y que no permitió un “todo vale” a la hora de proyectar su arquitectura y su programa arquitectónico. En Chicago tenían una necesidad física, y al no tener programa arquitectónico hubo una revolución arquitectónica aparentemente completa pero esa falta del programa fue lo que impidió que la revolución no diese un paso decisivo, no fue respuesta más que del beneficio privado. Al contrario que la Maison du Peuple, por ejemplo, que respondía a unas necesidades sociales, por lo que se la considera un símbolo cultural. En el artículo encontramos otra comparación muy interesante, la del Reliance (Daniel Burnham, 1894) y el proyecto de la Torre de Cristal (Mies, 1921). "Estamos ante un edificio y un proyecto de edificio, un resultado concreto de un problema particular y la solución abstracta de un problema general, un edificio con necesidades existentes y una propuesta que se refiere a necesidades futuras, Tenemos algo que responde y algo que se anticipa”. Buscando una formulación de gran carga simbólica, en este punto, se parece la Maison du Peuple a la Torre de Cristal. Un edificio que rompía con su entorno, que buscaba fervientemente una crítica social. En Europa, al igual que en Nueva York, un edificio de esas características significaba más un símbolo que un objeto, en cambio en Chicago había rechazo para proyectar en términos que no fueran específicos. En Europa se reacciona al rascacielos no sólo desde el punto de vista comercial sino con una noción de la sociedad. Se puede decir que Chicago, la forma de proyectar la arquitectura, es de una manera racional. Europa, en cambio, proyecta de una forma lógica gracias a la voluntad constante de una intelectualidad arquitectónica. Para concluir, se puede decir que la estructura se convirtió no sólo en la respuesta a un problema específico sino a un problema universal. Año: 2014
Iker López Consuegra
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